El pasado domingo por la mañana regresábamos a la competición después del parón de vacaciones. Volvíamos a disputar un partido oficial con muchas ganas de reencontrarnos con la pista y poner en práctica todo el trabajo que habíamos realizado durante estas últimas semanas.
Sin embargo, el encuentro no salió como esperábamos.
Desde el inicio, Gargil Suministros Molina Basket impuso un ritmo y una intensidad muy superiores a los nuestros. Los visitantes salieron con mucha más energía, fueron más agresivos en cada acción y, poco a poco, fueron haciéndose con el control del partido.
Por nuestra parte, nos costó muchísimo entrar en el encuentro. No conseguimos encontrar el ritmo que sí habíamos mostrado durante estas semanas de entrenamientos y estuvimos lejos del nivel que sabemos que podemos ofrecer.
Molina Basket nos echó de la pista. Nos faltó intensidad, nos faltó concentración y, sobre todo, nos faltó esa energía que debe acompañarnos en cada partido. Cuando un rival sale con más ganas, más ritmo y más intensidad que tú, resulta muy complicado competir.
El partido nos deja, por tanto, una sensación agridulce. No porque no sepamos hacerlo mejor, sino precisamente porque sabemos que podemos hacerlo mucho mejor.
Durante estas últimas semanas habíamos trabajado bien, habíamos entrenado con intensidad y habíamos mostrado un nivel que hoy no conseguimos trasladar a la pista. Ahora toca analizar lo ocurrido, aprender de los errores y volver a trabajar.
Porque esto acaba de empezar.
La temporada es larga y tendremos muchas oportunidades para demostrar cuál es nuestro verdadero nivel. Pero para ello hay que volver a ser el equipo que hemos visto en los entrenamientos: intenso, trabajador, concentrado y dispuesto a luchar cada balón.
Ahora toca entrenar duro, recuperar sensaciones y preparar de la mejor manera posible el próximo compromiso.
Y el próximo fin de semana nos espera un nuevo reto ante Maristas.
Una nueva oportunidad para volver a ser nosotros.
Seguimos trabajando.